Psicoterapia, paciente y otros temazos que chirrían

Comencemos por recordar que mi entorno y,o las relaciones, reflejan mi estado mental.

Esto es una maravilla, lo de aceptar que el escenario que tengo enfrente si reacciono a él sin paz, me está indicando lo que aún hay en mi mente sin sanar. Es como tener un psicoterapeuta 24 horas señalando, indicando, cómo el timbre del horno cuando algo acaba de cocinarse pues fui yo quien puso los ingredientes dentro de él. Esos ingredientes son mis pensamientos, mis deseos inconscientes.

Antes de nada, dejar claro que la psicoterapia basada en la No Dualidad es el camino que beneficia a ambas mentes, paciente y psicoterapeuta. Por ello la sanación es para ambos. O vayáis a creeros que hay un uno “súper sano” que sana a un otro súper “loco”. O que el psicoterapeuta es un ser no humano y vive sin ego. Ya puedes huir hasta de ti mismo si vas esperando que se presente el mago de Merlín y te quite “tó” los males.

Si encuentras a un profesional que no te diga que necesitas “1000 sesiones” cada mes para iluminarte, que te admite alguna vez un “no sé”, no sitúa al paciente como inferior o en rol de necesidad y además de esto no va por la vida que parece que vaya levitando pues puede ser que este psicoterapeuta pinte bien.

Hay una diferencia entre lo que sería psicoterapia y lo que es la psicoterapia no dual. Esta última facilita el discernimiento entre interpretaciones basadas en el amor y las interpretaciones o formas de pensar basadas en el miedo/culpa, victimismo. Por lo tanto te llevará a discernir entre lo que es real y lo que no.

La psicoterapia no dual te acompaña a soltar la idea de que las circunstancias o los contextos son la causa de tus males o de la enfermedad. Enfermedad llámese a todo estado mental que no sea estar en paz. Entonces ya me dirás si no estamos todos como para protagonizar la peli del exorcista. ¿Alguien que se mantenga en paz las 24 horas? Que me escriba por favor.  

La psicoterapia no dual afirma que la sanación ocurre en la mente y no desde el cuerpo. Más bien te dice que el cuerpo es otra ilusión tuya para reafirmarte en tu idea de separación. Pero escuchar esto es pensar que se ha fumado algo, cuando el que realmente está teniendo alucinaciones eres tú. ¿O acaso no te sientes amenazado, no ves ataque y problemas por todos lados?

El cuerpo está reflejando el estado en el que la mente se encuentra. Y la reacción ante las cosas del cuerpo está hablando sobre el estado de la mente.

La psicoterapia no dual, es una herramienta que pone a la mente en apertura para sentir y experimentar la presencia y conexión con un tú, es decir, con un yo que es más lúcido y totalmente pleno que aquel yo que fabricó el problema. Esa conexión o experiencia de lucidez es lo sanador, eso es lo que sana, no el terapeuta.

 

Toda terapia o medicina que excluya la mente o que escoja como una cura otra cosa que no sea la propia mente, está fomentando el miedo, pues está reafirmando que el poder de sanación está fuera. No quiero decir con esto que uno no debe tomar cualquier pastilla, medicación o tratamiento, ya sea natural o químico, puesto que sería una irresponsabilidad el afirmar “yo me sano con la mente” “yo elimino de mi cuerpo los resultados de una mente que está en conflicto”, cuando evidentemente en ese momento  estás comprobando que no estás pudiendo sino todo lo contrario. Lo que estoy queriendo decir es que la responsabilidad está en aceptar que no hay nada que esté por encima de nuestro estado mental. Si mis días están basados en la queja, el conflicto, la duda, la desconfianza…los resultados de este estado mental serán visibles en el cuerpo, en mis relaciones, etc. Y por supuesto no será lo mismo pasar por una gripe desde un estado mental de cierta paz y confianza que desde un estado mental de ira o miedo.

La acupuntura, los antibióticos, la osteopatía, el quantum, ayuno o alimentación, cualquier medicina o terapia que se nos ocurra tan sólo serán verdaderamente útiles mientras los sepamos ver como bastones temporales habiendo comprendido lo anterior y no como los salvadores de nuestro estado de salud física/emocional. No es un “algo” el que nos sana, sino ese sentir paz y amor.

Si la cura está en algo que no sea la mente, la dependencia hacia ese algo limitará el aprendizaje de la verdadera sanación. Podemos optar por tener ayudas de todo tipo, podemos y debemos aceptar nuestros límites, podemos optar por las herramientas que queramos el tema es no bajar la guardia, continuar observando e indagando en la mente. Estar implicado en mirar, desgranar y deshacer esos enfoques y formas de pensar basados en miedo y especialismo.

La psicoterapia que fomente la justificación de que: tu estas así por tu pasado, tu estas así por tu padre…o que fomente la necesidad de defensa o protección con objetos, medicinas, rituales o incluso “rutinas saludables”, tan solo estarán alimentando el miedo, puesto que si no logro obtener “eso” me cuento que podría enfermar. ¿Qué hay oculto tras tomar cualquiera de esas acciones?

Está claro que en el proceso de sanación vamos a ir por niveles y tomaremos como válida la terapia que se encuentre a nuestro nivel de comprensión, confianza y responsabilidad. Conforme nuestro nivel de responsabilidad va aumentando nos acercaremos más a la raíz de “todo problema”. Y por lo tanto nos sentiremos más atraídos por aquella psicoterapia que nos acompañe a salir del victimismo, de la culpa y de la creencia en las ilusiones, entre ellas la ilusión del tiempo, con ese pasado que decidimos estirar más que un chicle utilizándolo como medio para sufrir.

Tarde o temprano, en algún momento nos sentiremos atraídos por aquella psicoterapia que comprende que perdonar y sanar es lo mismo.

La psicoterapia no dual nos libera del ciclo infinito, el de la creencia errónea de que a causa de algo externo hay un efecto sobre un yo.

Esto debería de dejarnos con una confianza y tranquilidad incomparables porque comprendemos que no hay ningún enemigo ahí fuera. Que eso externo son los efectos de nuestra manera de interpretar y proyectar balones fuera.  

Un psicoterapeuta es aquel que practica el perdón como base en su día a día. Ese Psicoterapeuta sabe que sanar y perdonar es lo mismo. Sabe que salir del miedo es la misma curación.

Lo único que difiere del psicoterapeuta al paciente, es el grado de perdón que este ya ha desarrollado, el grado de claridad y orden de la mente, el grado de culpa y miedo que hay en sus mentes. El grado de trabajo realizado hacia la sanación y en últimas nada los diferencia.

El psicoterapeuta vive en la sabiduría de saberse lo mismo junto con su paciente. Ambos en diferente grado están en lo mismo, trascender la ilusión, la creencia en la separación, en la culpa y el perdón.

El psicoterapeuta facilita ver que la culpa no existe, pues está sustentada por la interpretación, es irreal, no tiene fuerza ni Verdad. No has visto que la culpa se mete por todos lados hasta se te mete en la cama cuando tienes relaciones sexuales, está escondida hasta cuando te comes un trozo de chocolate de más. Si es que si lo revisas va a ser que la “culpa» tiene la culpa de “tó” tus males.

El psicoterapeuta acompaña a la liberación de patrones de pensamiento y por lo tanto a cambiar el concepto que de sí mismo el paciente ha fabricado.

¿O es que el concepto que tienes de ti no es oscilante? ¿no te habla de insuficiencia, de carencia, necesidad, etc.?

 

Mientras te cuentes motivos y los protejas, motivos para no ser feliz o estar en paz, el concepto que aceptas sobre ti mismo es ese que no reconoce quien eres en realidad. 

 

El psicoterapeuta no dualista no guarda intenciones para sí mismo, en la comunicación se aparta para que sea la mente unificada la mente en paz la que hable a través de él y es por ello que los logros o avances no se los acredita como suyos.

El psicoterapeuta también aprende a base de enseñar. Comprende que trasciende sus propios límites de aprendizaje junto con el paciente. La sanación es conjunta.

El psicoterapeuta camina ligeramente por delante del paciente, pero en el mismo camino. Es siempre discípulo de un único maestro, el amor. Entendiéndose este como lo único verdadero que crea y extiende. Entendiéndose como la única voz que nos puede liberar. Es esa voz que no grita, no lucha. Es esa voz que cuando la escuchamos todos los problemas desaparecen. Esa voz es ese maestro que todos sin excepciones compartimos pero que no todos deseamos escuchar al mismo tiempo.

Es esa voz donde el psicoterapeuta ha depositado toda su confianza y toda dependencia. Por lo tanto se libera a sí mismo y al mundo de esperar cualquier respuesta fuera de esa voz, cualquier expectativa o demanda. 

Todo aquel que en algún momento enseñe amor(perdón, confianza, paz…) y no miedo(culpa), está siendo maestro de amor.

 

Os dejo un párrafo del Curso de Milagros, de la Lección 61. “Yo soy La Luz del Mundo”

 

“No te haces a ti mismo el portador del regalo especial que da lugar a la sanación. Lo único que haces es reconocer tu unicidad con el que te pidió ayuda. Pues en está unicidad se desaparece su sentido de separación que es lo que lo enfermó”

 

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