Dejar ir a un ser amado

Las palabras, como siempre, son límites con los que la verdad no termina expresándose. 

“Dejar ir”  ya parte de la idea de que alguien es nuestro. Este es el primer autoengaño, es la primera validación de la ilusión. Inconscientemente nos compramos la idea de que “hay algo/alguien, fuera de mi que me pertenece” como algo externo que tomo, de algún modo y en algún nivel. Por lo tanto esa intención de “dejar ir” ha de pasar por la comprensión de esto: ese ser que veo ahí fuera solo es una parte de mi mente que deseo ver separada (diferente) de mí pero que soy yo mismo.

Esto no tiene sentido a nivel de la materia o a efectos de los sentidos, aunque ya haya mediciones científicas que lo demuestran eso de que no estamos separados. También parece que carece de comprensión sentida para la mayoría de personas, pues bien, a nivel práctico podremos entenderlo de este modo;

Cuando miro a alguien, hago una valoración sobre ese alguien. Esa valoración sobre el o reacción ante lo que dice nace desde la base de mis creencias e interpretaciones y desde mis propósitos. Ese yo no está viendo, sintiendo ni valorando la realidad. Por lo tanto lo que veo es una parte de mí mente, donde mis deseos se ven reflejados. Deseos y propósitos de todo tipo.

Solo el amor puede ver y resulta que viendo desde el amor solo sentimos unidad.

El único modo de dejar ir es mirar desde la unidad, hacer una valoración (juicio) desde el amor y estar en relación desde el amor con aquello que este pasando.

Dejar ir, soltar mis pensamientos sobre lo que sea, despedirme de la idea de cómo debería ser esa persona, de cómo debería suceder o haber sucedido tal circunstancia…es dejar ir una parte de mí mente que no me da paz.

Nuestro deseo de dualidad lo llena todo de confusión porque no estoy viendo desde los ojos del amor sino desde el miedo, desde la necesidad, desde la carencia. Con todo lo que este miedo me cuenta, dime ¿Cómo vamos a dejar ir? si para “ser feliz” me he contado que aquello debería ser así o sí para estar en paz me he contado que debería de cambiar aquel y aquella. 

 

Prueba a mirar a ese ser que te lleva acompañando desde hace tanto; a tu perro, tu pareja, tu madre, a ese ser querido u odiado. Míralo y acepta que depositaste todas tus expectativas y deseos inconscientes. Expectativas de que fuera de tal u otro modo, deseos de que pasase tal o cual cosa en relación a él/ella, que superase esa enfermedad, que nunca muriese, que te sonriera siempre, que te obedeciera siempre, que no fuera “tan así” y que fuera de otro modo…y así una lista interminable de resentimientos, culpas, creencias, miedos, proyecciones escondidas en tu mente, lo no atendido, los hilos que mueven tus relaciones

Ese ser que amas lo has amado tan solo las veces que lo dejaste ir. Esas veces en las que te diste cuenta de que él/ella no estaba ahí para completarte ni para cubrir ninguna necesidad. Lo amaste cuando hizo algo que no te gustaba y no le castigaste. Cuando le abrazaste cuando menos lo comprendias. Cuando te diste cuenta de que no era por el/ella que te enfadaste, cuando te perdonaste por no darte cuenta de tus proyecciones(mochila), ahí lo amabas. Ahí el amor se extendía a través de ti. Ahí lo dejabas ir.

 

Dejar ir a un ser amado también es dejar ir a ese personaje que eras en la relación con ese otro. Por lo tanto, despedirte de ese rol es parte del duelo.

Mi perra se llama Bolita. Ella es amor, pura presencia, aventurera, independiente, amorosa, tiene 18 años. Hace unos años comenzó con una fuerte tos, problemas cardiacos y respiratorios.

Una madrugada comenzó con tos y respiración descontrolada. Dio un ladrido, un alarido, como un chillido y dejó de respirar. Dí un salto de la cama y la cogí en mis brazos. Comencé ha hacerle la reanimación mientras le decía: “así no, así no te vayas, aún me queda que perdonar”

Respondió, volvió a respirar más normal, sus ojos enturbiados intentaban buscar la conexión visual conmigo e inmediatamente la lleve al veterinario.

En el trayecto dentro del coche mi atención estaba en mi mente, qué pensamientos brotaban, qué sentía…

A los pocos minutos salía del centro veterinario por su propia pata y !corriendo!

Algunas noches siguientes creí que se marchaba, pero mi reacción ya no era salir hacía el veterinario, tan sólo la sostenía sobre mis brazos y me observaba a mi mismo con entrega total  a sentir los sentimientos de angustia y miedo, de paz profunda que también aparecía como un bálsamo o la tensión corporal, el frío y el calor que convivían en mí al mismo tiempo. Observaba que pensamientos surgían y qué oía entre los espacios que quedaban sin pensamientos. En esos espacios podía oír una voz serena, llena de paz que me indicaba los pasos hacia la libertad. Un profundo amor salía de mi, una profunda comprensión de que quien estaba muriendo no era ella sino mi idea de separación. La paz lo inundaba todo, una paz que no era de este mundo. Durante esos momentos ella volvía a respirar tranquila, descansaba. Y así, con esta presencia, esta conciencia en nosotros un día dejó de toser, pues los milagros surgen así, cuando el miedo queda anulado por el amor, cuando le damos espacio a la comprensión de unidad.

Digamos que se nos dio más tiempo para vivirnos todavía más aún desde el amor.  

Ahora ese dejar ir lo práctico con más ahínco cada vez, ante lo agradable y lo desagradable.

A través de la relación con Bolita durante todos estos años hemos pasado de una relación especial a una relación santa.

El cuerpo en una relación santa se está comprendiendo que está siendo solo un medio más para que el amor, el espíritu se exprese. Ya no tiene otro sentido. Ya no hay necesidades o expectativas que completar. 

Nunca fuimos una relación convencional de un “dueño” y su perra. Digamos que siempre supimos que no nos pertenecemos, que sencillamente somos una única mente sirviéndose así misma para recordar quién es en realidad.

Hoy día ella sigue a mi lado con sus ojos cada vez más profundos, más opacos, más espejo. Está más con Dios o con la conciencia de unidad que aquí conmigo. Eso me ayuda a tomar el mismo camino que ella con más confianza.

 

Ante la enfermedad de un ser amado, cuanto más pena sentimos, más victimizamos al otro y a nosotros mismos. Es así que más estamos proyectando desde el ego.

La proyección nos lleva al dolor del apego, nos conduce a la preocupación y a no poder disfrutar de lo diferente que se esté manifestando, nos alejamos de vivir el presente, nos distanciamos del amor que brota de la presencia.

 

Bolita está cada vez más cerca de dejar de formar parte de esta realidad o plano. Aún no sé cómo será, si ella misma dejará de respirar o yo la acompañare a terminar de irse. Lo que sí sé es que mientras tanto mi única función aquí es amarla y ello es soltar cualquier pensamiento que me lleve a la culpa.

Pareciese que cuando su corazón ya no lata más, será una separación, pero no es así. Ese latir que se para lo podemos interpretar desde el miedo o desde el amor.

 

Reedito este post

Bolita murió unos meses más tarde de escribir este artículo, el 15 de junio de 2021.

Un par de días antes de la fecha, miré a sus ojos profundos, escuché y sentí un claro: “estoy muy incómoda en este cuerpo. Ya no me corresponde estar en este plano. Deseo expandirme”

Sentí mucha paz y sensaciones corporales que me reafirmaban que así era.

En la mañana del 15 de junio a las 10h, llegó el veterinario a casa. Fue muy amoroso, respetó los ritmos y supo leer bien las emociones y necesidades de todas las partes.

Cuando Bolita soltó su último aliento, al segundo siguiente, sentí como ella, su energía, el todo, se expandía por todo el salón, por las ventanas plenas de sol, por el jardín por todos lados, se cubrió todo de una luz blanca amarilla brillante, el amor y paz se me desbordaba del cuerpo, sentí como no cabía nada más que amor, fue como no sentir gravedad, mis ojos se desbordaron de lágrimas pero de alegría, de plenitud, de agradecimiento infinito.

Estas sensaciones, esta expansión, esa presencia de paz, mi pareja también lo estaba sintiendo. Mientras acariciábamos su cuerpito, se cruzaban nuestras miradas con ojos luminosos entre lágrimas y sonrisas de gratitud que lo decían todo. 

Desde ese instante Bolita estaba y está en todas partes sin límites de ninguna clase. 

 

Revisemos los miedos, las creencias, las interpretaciones, expectativas, proyecciones…sintamos, seamos humildes, dejemos de creer que llevamos razón, seamos feliz…amar es urgente, dejemos ir.

Aún no hay comentarios, ¡añada su voz abajo!


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.