¿Meditamos?

¿Meditamos?

Cuando decides hacer el gesto mental de introspección no necesitas de todo el merchandising del más famoso templo budista ni siquiera de música de los dioses o un ritual chamánico en toda regla. Tan solo requieres de la firme determinación de hacer ese gesto interno de atenderte con total escucha. Esa escucha que va más allá de los 6 sentidos.

Cuando te atiendes puedes darte cuenta de que hay sensaciones corporales que ni sabías que estaban ahí o que hay sentimientos que están brotando como agua que sale de una tubería.

Puedes comprobar que la corriente de pensamientos es incesante. La reacción automática es la de negar o rechazar y desear cambiarlo todo; las sensaciones, los sentimientos y los pensamientos. Al cabo de un rato ya ves que arduo trabajo e inútil es lo que pretendes, pues la meditación no requiere de nada de esto. Solo se trata de estar en lo que estás desde la observación y atención, observando las pretensiones, el miedo, los juicios, los deseos, el amor y la paz si surgen.

¿De qué sirve tomarnos uno o varios momentos al día para meditar?

La respuesta sería interminable, mejor que lo compruebes por ti mismo si prácticas. Ciertos beneficios;

Puede que te lleve a ser más observador y ecuánime ante circunstancias diarias.

Puede que desarrolles la atención y por lo tanto estés más atento en todo lo que haces durante el día y esto te simplifique la vida, así como que te vuelvas más funcional y práctico, ya que eres capaz de darte cuenta de qué batería de pensamientos es con la que te estás manejando y ello te dé la oportunidad de dejarlos ir y moverte desde otro lugar más en consonancia con tus objetivos de ser feliz o de estar en paz.

Pudiera ser que tras la práctica del dejar ir a los pensamientos, sentimientos y sensaciones, aprendas a desapegarte de ciertas experiencias sin tan siquiera con la intención de hacerlo.

Puede que en algún momento te des cuenta de que todas las mentes funcionan de igual forma que la tuya y esto te conduzca a una sabiduría que no tiene nada que ver con la psicología de carrera universitaria ni con el misticismo dual que se encarga de darte superpoderes.

Ese darte cuenta de que todas las mentes funcionan igual es el reconocimiento y comprobación que todas las mentes realmente son solo una. De aquí derivará el que el miedo hacia otros se vaya transformando en comprensión y amor. Pues quien se detiene a observar, a mirar y a estar frente a esa vorágine de pensamientos, sentimientos y sensaciones, alcanza un nivel de compasión por propio reconocimiento de su tormenta. Pero no todo va a ser incomodidad o sufrimiento en el transcurso de la introspección. Más bien, vas a ir encontrando un alivio desde la primera práctica. Un cierto descanso que no tienes identificado como algo común. Ese descanso viene dado por el estado de presencia (no juzgar desde el ego)

Imagínate si viviéramos desde ese lugar durante todo el día. Pues sí, realmente tan solo es posible vivir desde ahí y no desde la mente automática (valoración desde el ego), pues esta nos conduce al sobrevivir. Por ello tanto malestar e insatisfacción que queremos cubrir, tapar o rellenar como sí fuera un vacío que nos persigue allá donde vayamos.

Meditar y el no control o entrega son casi sinónimos, ya que en ambos se desarrolla la confianza. No es un confiar que trate de confiar en algo externo, sino de un estado, un espacio que va ganando terreno en la mente y que se muestra a través de manifestaciones en forma de interpretaciones, sentimientos y acciones dentro de día a día, en las pequeñas y simples experiencias, como en aquellas en las que antes éramos un títere descontrolado sin rumbo y ahora nos experimentamos desde otro lugar, más asertivo y consciente.

Se desarrolla la confianza porque vamos comprobando que soltando aquellos juicios y creencias vamos siendo más felices y vamos viviendo más en paz.

Dejando ir lo que creíamos como nuestro salvavidas vamos comprobando que hay otro estado mental, una mente unificada, la Mente en mayúsculas que se pone al mando, la cual cuando estamos bajo su guía convierte toda circunstancia en una experiencia totalmente diferente donde vemos un mundo totalmente perdonado, pues nos damos cuenta de que nuestra carga de pensamientos era la encargada de sentenciar lo que mirábamos.

 

Ese otro estado mental se abre paso gracias a dejar ir el otro estado mental ese que te cuenta cosas del pasado y preocupaciones del futuro.

Para dejar ir, antes hay que comprender para qué no dejamos ir, para qué alimentamos esos pensamientos, qué nos ofrecen, qué ganancia nos aportan y saber si queremos seguir con esa estrategia para supuestamente conseguir algo. Esto es un trabajo de introspección que nos llevará a ver qué “fórmulas mágicas” llevamos en automático, conformando estas la inercia de nuestra vida. Ahí, tras la honestidad y el perdón, es donde tendremos la oportunidad de dejar ir.

Tomemos el perdón como la acción de responsabilizarnos de aceptar que la causa de mí sentir no es algo externo, eso es empoderarnos, es salir del victimismo. Entendamos esta como esa herramienta que nos dirige la mirada compasiva y comprensiva de saber que lo que veo como amenaza, error o como algo malo, es la interpretación desde mis patrones e inercias, aquellas que esconden una batería de pensamientos retroalimentados.

 

La meditación, esa herramienta que puedes aplicar cuando el dolor físico se manifiesta o cuando el miedo o el deseo surgen.

Ni la meditación, ni la práctica del Libro “Un Curso de Milagros” están para que te vuelvas una mejor persona fortaleciendo así una infraestructura llamada ego (ya eres perfecto y estás a salvo, pero aún deseas más otra cosa). La meditación o cualquier enseñanza no dual está más bien para darte cuenta de que no necesitas toda esa construcción de ideas y de que no eres esa persona sino Mente. Una mente que no razona con toda esa batería.

El libro Un Curso de Milagros vuelve a entrenar a tu mente para que veas que tu mente es causativa y esto te lleva a estar aplicando esta comprensión durante todo el día. Tal como la meditación no puede estar situada en un margen de horario, tarde o temprano será tu modo de ser y estar en el mundo.

Los pensamientos surgen. Simplemente están surgiendo, no hay un yo que los piensa ni que los crea.

Esto parece muy contradictorio porque siempre hemos creído que somos nosotros mismos los que estamos pensando. Mas bien estamos siendo un personaje que se cree lo que piensa.

 

Para comprobar que no eres tú mismo el que está pensando prueba a dejar de pensar o prueba a saber cual es el pensamiento siguiente que vas a “pensar”. No puedes.

¿Por qué? Porque tú no eres quien crea los pensamientos. Tú eres quien recibe los pensamientos y quién “decide” apegarse a unos y no a otros, confiriéndole valor a unos en lugar de a otros.

 

Entonces podrías preguntarte: ¿Qué poder o libertad tengo sobre mi mente?

Pues sin la capacidad de observación y atención junto con el discernimiento, realmente no tienes ninguna libertad ni poder. Más bien al contrario. Estamos siendo un títere manipulado por el deseo de separación y especialismo que agarrándome a esos pensamientos de miedo/odio, “lo consigo”. Esos pensamientos que nos otorgamos como nuestros y que vuelven sólida una personalidad y varios personajes. Esto de varios personajes es a lo que yo llamo diferentes aspectos de la mente ego. Ya que son aspectos de la mente no integrada, no sanada, no mirada, de los cuales no hemos querido ocuparnos sino más bien reforzarlos a través del rechazo y de la ocultación.

Para verlo fácilmente, en algún momento del día seguro que puedes reconocer en ti al personaje controlador o al descuidado, al personaje dependiente o al independiente, etc. Todo esto no es que haya cientos de personajes en ti, sino que son aspectos de la misma mente que aún están sin mirar y por ende salen a flote a la superficie, los proyectamos sobre los demás, brotan en tus experiencias y circunstancias, sobre cómo interpretas, allá en tus sentimientos los puedes identificar rápidamente.

De la mente que estoy hablando, es la mente con la que te identificas, esa mente pequeñita llamada ego que crees ser. La que te da tantos problemas en lugar de ser práctica y funcional, como sería sentir el miedo que es útil si un atracador viene a robarte con un cuchillo y sales corriendo. La mente ego deja de ser funcional cuando está fabricando tiempo, asintiendo que tal cosa que sucedió en el pasado sucederá en el futuro o asumiendo que “por qué aquello sucedió” hay un yo que se siente de tal modo.

Podría ser esta información de gran ayuda para ir comprendiendo que no somos lo que nos vamos contando, ni que la vida ni los otros lo son y qué tenemos otra opción que está a nuestra disposición, esa opción nos libera de los límites del ego.

 

¿Meditamos?

 

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