Dinero, emprendimiento, relaciones… mirando dentro

Durante el artículo os voy dejando perlas de preguntas que si os las hacéis pueden serviros de ayuda. 

¿Somos libres cuando emprendemos, cuando hemos dejado ese trabajo seguro y estable? ¿El dinero nos falta, no nos da para todo? 

El dinero, el emprendimiento, nuestro proyecto o trabajo, nuestra pareja, la familia y amigos… Todo eso son relaciones que reflejan nuestro contenido mental. En lugar de revisar y sanar el contenido mental tratamos de cambiar esas cosas, abarcarlo desde lo superficial o hacer cierta introspección pero hasta un nivel. Con todo ello los cambios son lentos o pocos. Parece ser que una vez más estamos tratando de lavarnos la cara echando agua al espejo cuando la clave es tocar el interior, mirarse uno mismo y a cuanta mayor profundidad mayores cambios siempre que recordemos que no somos nuestros errores. 

En todas nuestras relaciones hay depositadas expectativas que a su vez contienen creencias y necesidades inconscientes. 

Toda relación con la que perdemos la paz es una relación especial. Especial en el sentido de que con esa relación yo espero cubrir unas expectativas, unos deseos y creencias inconscientes los cuales no siempre son saludables. Esperar, ya de por sí, me está indicando que hay en mí una sensación de faltarme algo y ahí latente está la creencia de ser carente.

Tengo un trabajo que detesto, pero no lo suelto, eso es una relación especial. Tengo un proyecto que me encanta, pero no logro estar en paz con él. Eso también es una relación especial. Si no logro cumplir mis expectativas, ¿qué me digo a mismo? Ese trabajo, proyecto o persona ¿lo rechazaré, lo detestaré, me frustraré, me enfadaré…

Si logro las expectativas y me creo el “obrador del milagro”, resulta que, entre otros problemas, la presión por mantener esos resultados puede no dejarme tranquilo. 

Tanto “si lo hago bien como si lo hago mal”son solo valoraciones, interpretaciones resultantes de nuestro contenido mental. Imagínate que liberación sería la de vivir lo que sea sin la valoración del ego, sin culpa, sin medallas y sin necesidad de humildad, vivirlo como el no hacedor y sí como el observador que tiene un propósito mayor con cada una de sus experiencias.  

Si el dinero llega o no llega, si tardo más en publicar ese libro, si los clientes se van o vienen, si los hijos están agitados, o el tiempo no me llega para todo… ¿cómo sería experimentar todo esto desde otro nivel u otra percepción, desde otra interpretación totalmente liberadora y saludable? Experimentar la vida desde el conocimiento de cómo funciona la mente y desde un sentirnos  sostenidos y amados.

Caemos en el cansancio y demás estados de ánimo porque no solemos saber esto: Cada experiencia es solo y únicamente el vehículo, el escenario, la herramienta que tiene la mente para despertar. Tampoco de cada experiencia hacemos un uso consciente o responsable. Mirando dentro y discerniendo podríamos dejar atrás mucho malestar. 

Toda experiencia tiene un propósito mayor que hemos de descubrir para vivir una vida con sentido, un sentido que siempre nos trae paz y claridad.  

¿Para qué no dejo ese trabajo o esa estrategia que no me está funcionando? ¿Para qué no logro estar en paz? ¿Qué pienso sobre mí en ciertas circunstancias?

¿Quién soy si pierdo mi puesto? ¿Quién soy si no me reconocen, si no valoran mi trabajo? ¿Quién soy si no logro los objetivos?, si los clientes no se quedan, si el dinero no llega…

¿Qué autoimagen tengo sobre mí que no quiero soltar?, ¿perderé el amor, el reconocimiento o mi valgo menos si no logro mis objetivos profesionales o soy buena madre?. ¿Dependo de los resultados o los resultados dependen de mí?

Cuando no pedimos un aumento, cuando no subimos los precios en nuestro negocio, cuando discutimos con nuestros familiares o cualquier circunstancia que se te repite, habitualmente, el diálogo interno que tenemos con nosotros mismos no pasa de la primera pantalla. 

– El problema es tal cosa y es por esto y por aquello, así que tengo que hacer esto –

 Así es como creemos saber cuál es el problema y nosotros mismos nos damos la solución. ¿Avanzamos de este modo? ¿No se vuelve a producir esa situación? ¿Y si resulta que estamos partiendo de un falso problema que no es el problema?, por lo tanto, tampoco estaríamos acertando con las soluciones. Así es como nos vemos atascados o en bucle. 

¿Era el dinero el que me iba a hacer feliz?. ¿Tal vez era mi negocio o proyecto, quizás mi pareja o hijos? ¿Qué posición tengo en la vida? ¿Las cosas y relaciones tienen que llenarme o mi ser ya completo es quien sabe dónde debe estar, con quién y qué hacer y decir?. ¿Por qué estar donde no puedo dar?. ¿Para qué estoy dando? ¿Desde dónde?. ¿Desde la carencia o desde saber que me doy a mi mismo?. ¿No subo esos precios porque soy el salvador de los que no pueden o porque tengo miedo de que se vayan mis clientes?

Si tenemos conceptos o ideas sobre nosotros mismos que ignoramos, estamos relacionándonos desde ahí. 

Primero habría que aprender a identificar todo ese contenido y luego, a base de practicar, ir decosntruyendonos, ir recordando quienes somos en realidad desmantelando la construcción de lo que pensamos ser que nos hace funcionar como lo hacemos. Mientras vamos deshaciendo esa construcción podremos ir comprendiendo que nos movemos desde ideas que esencialmente se basan en la culpa y el miedo. Sí, aunque a primera vista no lo veamos y es por ello que se perpetúan los “problemas”.

Darnos cuenta de ello nos posibilita salir del punto en el que estemos, seguir aprendiendo en otro nivel y vivir otro tipo de experiencias.

 

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